#huevember2018

El 1 de noviembre vi un post en Twitter sobre el Huevember y me gustó la idea. Me apetecía el reto de hacer un dibujo con una paleta de colores concreta cada día, sobre todo porque creo que peco de usar una paleta muy concreta siempre. No tenía un tema claro y como ando cerrando libros de El artista y la musa pues hala, la he dibujado a ella de varias formas.

Las ideas se me fueron acabando, pedí sugerencias en Twitter y Lebgar me sugirió disfraces de personajes femeninos de videojuegos. Me gustó la idea y opté por juegos de los 80 y principios de los 90, que es la época en la que más me importaban.


Me ha tocado investigar porque no conocía demasiados juegos con personajes femeninos, y he descubierto que, al contrario de lo que se suele decir de que antes sólo había princesitas en peligro y tías buenas, hay bastante variedad. Algunos enlaces por si os apetece investigar por vuestra cuenta: 80s Heroines, Protagonist Female, Las chicas son guerreras. Por mi parte me alegro de haberme informado porque he descubierto varios personajes visualmente interesantes y muchos juegos divertidos.

Puedes ver todos los dibujos con comentarios en mi blog de dibujos, Un dibujo al día :)

Límites

He visto este vídeo sobre lo requetetrucado que está todo en la música actual. Es alucinante el nivel de sofisticación que ha alcanzado todo. Es algo que también veo en los cómics, sobre todo en manga, cómic americano y quienes siguen esos estilos (generalizando mucho y a nivel comercial, sé que se hace de todo en todas partes).

Supongo que es normal cuando hay una competición feroz: los que ya están dentro deben distinguirse de los aficionados y los que quieren entrar necesitan alcanzar o incluso superar el nivel de los profesionales. Y yo miro esos tebeos que parecen colecciones de ilustraciones y creo que se les ha ido un poco de las manos el nivel de detalle. Que por supuesto como lector es una gozada, pero no sé si hace falta tanto trabajo para historias que se leen tan rápido. Aunque es cierto que también hay cómics que se nota que están hechos rápido y me resultan flojos, como Ms. Marvel Kamala Khan y Snotgirl, por citar un par de series recientes.

El alma de los artistas

«Nunca me abandones» (Never let me go) es una novela (y una película) que cuenta la vida de Kathy y sus amigos Tom y Ruth desde su infancia en el colegio interno de Hailsham hasta su juventud tardía. La historia parte de una premisa de ciencia ficción pero lo importante es la experiencia de unos chicos atrapados en un mundo frío y aparentemente tranquilo como un estanque en invierno.

Tener éxito

Estoy leyendo «Making Money from Webcomics» y está bien, me está enseñando cuántas cosas he estado haciendo mal durante estos años.

¡Lo peor fue empezar!

No, en serio: lo peor que he podido hacer es creer que iba a crecer continuamente simplemente publicando mis cosas en internet. Resultó que no, que esto no es algo lineal y que nada ni nadie te garantiza nada.

No sabes qué va a pasar ni cuánto va a durar

Hice un curso con Guillermo Arriaga y me ha jodido mucho con dos teorías:

  1. El arte no es progresivo, puedes escribir tu mejor obra con 35 y a partir de ahí solo hacer basura.
  2. Todos tenemos un límite de historias que contar, si lo sobrepasas te quedas seco para siempre.

Fernando Llor en Twitter, 14 de octubre de 2018

Este tipo de mensajes dirigidos a autores me parecen destructivos porque sólo aumentan su ya de por sí alta ansiedad. De una forma innecesaria, además, porque no tienen por qué ser ciertos. Uno no sabe si va a ser de esos autores de un sólo éxito, si va a repetirse siempre, si van a pasarle cosas en la vida que le hagan evolucionar de una u otra forma, si va a cambiar de campo, si se va a hartar y se va a ir a plantar lechugas…

Yo a los diecinueve años quería desesperadamente escribir una novela pero apenas conseguía sacar poemas cortos y cuentos casi más cortos. Quién me iba a decir entonces que quince años después iba a terminar una novela de 800 páginas. Quién me iba a decir que me iba a dar por volver a hacer cómics, con lo trabajosos que son, y que le iban a gustar a alguien. Cuando dibujaba con mucho esfuerzo esas primeras tiras sosas, rígidas y corta-pegadas del Artista y la Musa quién me iba a decir que le iba a coger el gusto a dibujar paisajes con edificios, montañas y lo que hiciera falta. ¡O que iba a dibujar un cómic erótico! No me lo habría creído. Pero sobre todo quién me iba a decir que más de mil páginas después iba a seguir teniendo ideas y ganas, incluso aunque mis «éxitos» sean modestísimos y mis perspectivas de publicación casi nulas.

No hace falta martirizarse, nadie nos va a canonizar ni llorar (y aunque lo hicieran no seríamos más felices). No hace falta trabajar para que nuestras obras queden para la posteridad, de hecho casi ninguna lo hace. Tampoco hace falta que todas las historias sean buenas ni originales, ni siquiera hace falta que nos gusten del todo. Importa sacarlas. Y quizá ni eso. Quizá sólo importa sentarse el tiempo que tengamos y sumergirnos en las aguas oscuras de nuestra imaginación a ver qué encontramos. Disfrutar de esa aventura mientras sea posible.