Mis experiencias editoriales

Cuando tenía ocho años se me ocurrió enviar una carta a la editorial SM. Seguramente tomé la dirección de algún libro de El Varco de Vapor, mi referente literario absoluto por aquel entonces. En aquella carta, me dirigí al director (o a alguien) parecido contándole que quería escribir un libro – y publicarlo. No recuerdo tener nada en concreto escrito, sólo el deseo de escribir, y ya estaba llamando a la puerta de la industria.

Al cabo de un tiempo, recibí una carta… ¡con un libro de regalo! En la carta, una mujer, no sé con qué cargo pero muy maja, me decía que aún era joven, pero que siguiera leyendo y escribiendo. Creo recordar que me quedé bastante contento y con la impresión de que no es tan difícil entrar en contacto con el mundo editorial. Además, el libro que me regaló aquella mujer era entretenido. Iba de un marciano y un niño al que llamaban «vizconde» por su bizquera.

Diez años después, escribía más poemas que veces iba al baño y estaba muy orgulloso de haber terminado mi primer poemario de verdad, «Rojo sangre». Así que lo envié a Hiperión, que era mi editorial de poesía favorita. Esta vez, recibí mi envío de vuelta junto con una carta tipo en la que me indicaban que sus planes de publicación estaban saturados y que probara por la vía de los concursos. Así que estuve enviando poemarios a concursos hasta que me aburrí de gastar dinero en fotocopias por triplicado, encuadernaciones y sellos. Seguramente, mis poemas no eran suficientemente buenos como para ganar ningún concurso importante, pero tampoco estaba obteniendo ninguna crítica ni nada que me hiciera mejorar, así que pensé que más me valía centrar mis esfuerzos en otras cosas.

O en hacer algo productivo, porque, como me dijo un iluminado profesor de lengua en el instituto como «felicitación» por ganar los concursos de narrativa y poesía, «la literatura no sirve para ganarse la vida, así que mejor que no me hiciera muchas ilusiones». Qué majo. Ahí, apoyando a la juventud.

Precisamente, nunca he escrito con demasiada esperanza de ganar nada. Y eso me ha hecho no llevarme grandes chascos ni escribir con un objetivo definido que haya podido falsear el proceso. Me ha permitido escribir más por placer y por necesidad expresiva que por deseos de fama (jajaja) y/o dinero (jajajajajajaja). Pero, por otra parte, esta filosofía me ha llevado a no tener metas, a no exigirme, a despreciar la posibilidad de publicar algo. Y es un tanto absurdo, porque cuando uno escribe es porque desea contar algo, mostrar algo al resto del mundo. La más íntima nota en un diario personal es un mensaje en una botella, y creo que no hay nada más emocionante para un escritor que saber de alguien que le ha leído y le ha comprendido. Pues bien, guardándome lo que escribía me estaba privando de esa posibilidad.

Y no es que haya estado totalmente oculto durante estos años, porque he escrito casi toda la década pasada en un blog público y he colaborado y publicado en varios medios, pero mentiría si dijera que han sido cosas que he ido anunciando por ahí y que he perseguido las colaboraciones activamente. Lo cual ha sido un fallo, porque al exponerme poco no he recibido suficientes críticas que me motiven y que me ayuden a mejorar. Al menos, no críticas que me sirvan de algo, que son las que van más allá del «mola» o del silencio. Ah, ¡ya dijo Nietzsche que es más amable el peor de los insultos que el silencio!

Así que ahora estoy tratando de dejar atrás esa filosofía de «sí, pero no». Simplemente quiero sacar lo que tengo y encontrar personas a las que les sirva de algo, de la misma forma que yo disfruto con las cosas de Mireia Pérez, Rain Michael y Barnaby Ward, por poner tres ejemplos. Esto es como el respirar: tomamos aire, devolvemos aire. Tomamos la vida y el arte, devolvemos vida y arte, diferentes a lo que eran cuando entraron en nosotros, necesarios. ¡Y ya está bien de aguantar la respiración!

Retomando el tema principal de este texto, pronto tendré que enfrentarme a la idea de publicar. Primero tengo que terminar de editar, por supuesto, pero antes o después voy a tener que coger la novela y moverla por ahí. Y va a estar bien, porque seguramente me van a sacar un montón de fallos y voy a tener que pasar por un montón de rechazos. Va a ser una oportunidad estupenda para mejorar y para aprender. Sé que es más fácil que me toque la lotería que ver mi novela publicada, y no digamos ya la serie de novelas en la que está evolucionando, pero me apetece probar.

PD: Otro día escribiré sobre experiencias fanzineras, autoeditadas y colaboraciones variadas. Son un mundo distinto.

2 comentarios:

  1. me alegra que quieras cambiar tu filosofía de 'escribir sin demasiada esperanza'. porque se siente que te apasiona y porque gracias a esa pasión, lo haces muy bien.
    dale duro!

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  2. ¡Gracias por tu comentario, María! :)

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