Hoy he terminado mi primera novela

Y me siento raro. No sabría definirlo más allá de una leve sensación de ligereza al caminar.

Quería terminar este borrador en algún sitio especial. La biblioteca está bien pero voy allí casi todos los días, así que me he acercado a Ibarla. Allí me he sentado en una roca casi plana al pie del arroyo y, con la luz del sol de la tarde filtrándose por las hojas y con sombras de un montón de mosquitos danzando sobre el teclado, he terminado de editar el borrador. Entonces, he mirado al agua y, en la otra orilla, un ratón olisqueaba entre las piedras. ¡Qué apropiado!

Después me he comido un helado (de Huevo Kinder), por supuesto. ¡Estas cosas hay que celebrarlas!

He tenido un anticipo de lo que, supongo, sentiré cuando termine la historia completa: una sensación de ligereza, de cierto vacío, una vaga tristeza mezclada con satisfacción y orgullo porque por fin he conseguido que la historia exista fuera de mi cabeza… y ganas de hacer más cosas.

Para mí ha terminado una época. Ya no puedo decir sólo que «estoy escribiendo una novela», sino que «he escrito una novela». Vale, no es la novela completa, sólo el primer tercio de la historia, pero es que esta niña me ha salido tan grande que la tengo que parir a plazos :) Y mira que no quería hacer una trilogía, y menos para empezar como novelista, pero… así ha venido.

De todas formas, este primer volumen tiene casi 93.000 palabras y termina en un punto culminante de la historia, así que siento que es una novela por derecho propio. Y la que más me ha costado escribir. Ha cambiado de una forma radical desde que era apenas una historia esquemática que escribí para la revista de unos amigos en verano de 2007… la he reescrito tantas veces que he perdido la cuenta. Pero ha merecido la pena, porque he aprendido un montón sobre el arte de escribir. Además, desarrollar esta historia le ha dado un cierto sentido a una parte de mi vida, como criar a un hijo le da cierto sentido a la vida de los padres. Es una metáfora gastada, pero lo define bien.

El segundo volumen me va a costar menos terminarlo, porque ya tengo los elementos y personajes fundamentales de la trama estabilizados y la historia va más fluida. La propia escritura del borrador original fue mucho más fluida y no me tomó más de dos meses, aunque es más largo, unas 150.000 palabras. ¡Pero bueno! El hecho es que tengo muchas ganas de empezar con este volumen el lunes ya. Y de escribir el tercero y último. Se me han humedecido los ojos al escribir el esquema, así que seguramente voy a llorar como una Magdalena con esa parte. ¡Pero eso es bueno! Si no se emociona el escritor, ¿cómo se va a emocionar el lector?

Ahora, me voy a preparar un PDF y a acosar a mis lectores-probadores :D

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