Miedo al agua

En junio escribí que tenía entre manos un tebeo / cuento ilustrado para niños, ¿verdad? Pues se ha convertido en un cuento sobre el miedo al agua. Y digo «se ha» porque mi trabajo realmente consiste en sentarme, respirar tranquilo y dejar que salga lo que tiene que salir. Lo demás sucede.

Corrigiendo

Quería hacer algo diferente en agosto. Escribir una historia sencilla, con una sola trama y pocos personajes. Algo que mi abuela pudiera disfrutar, porque se puso a leer El corazón del desierto (AMS1) y, claro, con tanto nombre extraño y ser sobrenatural se perdía. También me apetecía probar suerte con el premio El Barco de Vapor. No me gustan los concursos, pero me apetecía mucho intentarlo en este caso concreto.

Mi abuela murió el último día de julio, así que ya no hay forma de que lo lea. Pero su muerte me recordó que hay que hacer las cosas antes de que pierdan su sentido… y me entraron unas ganas tremendas de escribir la historia y dedicársela. Además, ya va siendo hora de que haga algo para los niños. En cuanto al concurso, me dio unas pautas: una extensión, un plazo y la remotísima posibilidad de que mi trabajo puede llegar a alguna parte. Así que ordené mis ideas y me senté a escribir.

Lo que más me costó fue el principio, que en el primer borrador aún era algo torpe y poco claro. Pero no tenía tiempo que perder y enseguida me metí de lleno en la historia en sí. Lo cual fue un acierto, porque, como comprobaría después, conocer bien el desarrollo y el final de la historia facilita mucho escribir un arranque coherente.

E incluso así, encontrar el comienzo más adecuado me resultó lo más difícil de todo. Seguramente porque me gusta tanto cómo ha quedado la historia que me parecía prescindible la introducción… es como cuando pienso que tengo algo tan bueno que no necesito venderlo, que se vende solo… y no. El comienzo de una historia es su carta de presentación, y si no engancha desde el principio, mal asunto. ¿Lo he conseguido en esta historia? Creo que sí, porque queda claro el problema del protagonista y su motivación para empezar su aventura.

Porque es una aventura. Sí, otra aventura, infinitamente más sencilla y básica que AMS, algo que me encanta. Y que me hace pensar en lo irónico de que AMS, un auténtico culebrón multi-tramado, naciera de una historieta en la que, precisamente, abogaba por simplificar las cosas. También me doy cuenta de que podría haber escrito como seis o siete novelas más cortas en todo el tiempo que he pasado (y el que me queda) con AMS… y que es prácticamente imposible que alguien vaya a publicar una novela gigantesca de un autor desconocido. Pero no me importa. Esta es mi propia aventura, creo en la historia, amo a los personajes y estoy contento con todo lo que he aprendido. Pero ya hablaré de AMS otro día.

Volviendo al cuento, me ha sorprendido lo rápido y lo a gusto que lo escribí. Vamos, es que me lo pasé pipa. Tenía más o menos claro adónde quería llegar, pero ah, qué diferente es planificar un viaje de hacerlo. Y qué pronto se terminar cuando se disfruta…

La fase más larga fue la edición. Dediqué un par de días a comprobar la cohesión de la historia. Luego imprimí el cuento y ahí empezó lo bueno, la corrección de estilo. ¡Cuántas redundancias se cuelan en mis primeros borradores, y qué placer pulirlas! Lo peor, como ya he dicho, fue reescribir tres veces el primer capítulo para que encajara con el resto de la historia, pero quedé razonablemente contento. Así que el día treinta corrí a imprimir tres copias y enviarlas (casi) volando al concurso. Justo de tiempo, pero el cuento llegó a su destino.

¿Y después? Me comí un helado para celebrarlo y, poco a poco, me olvidé del cuento. De la misma forma que una madre pájaro ve alejarse a su hijo, contenta por haberle alimentado, por haberle visto crecer, por verle volar con sus propias alas.

2 comentarios:

  1. Ay, ¡la edición! Y más aún la auto-edición, si uno es mínimamente perfeccionista. Por eso un buen editor no tiene precio (en una editorial), pero existen tan pocos... Gracias Gurrupurru por tu comentario afectuoso en mi blog sobre el resultado de mi tesis ;) Abrazo, Andrés.

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  2. Escribir es como parir, y editar como ayudar al niño a crecer, ¿verdad? :) ¡Gracias a ti por tu trabajo, Andrés!

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