Cosificar

Cuando uno escribe y dibuja historias es fácil caer en una especie de revanchismo de la realidad. Sobre todo al principio, cuando uno puede creer que en sus mundos personales manda él… así, se han escrito y dibujado un montón de historias predecibles y aburridas. Entonces suele hablarse de fallos en la trama, de carencias en el ritmo narrativo, de mala ambientación… y todo eso es importante, pero para mí el principal error es cosificar a los personajes.

Cuando cosificamos a alguien le negamos una voluntad y una existencia propia. Le convertimos en una cáscara vacía, en una marioneta que está esperando a que aparezca alguien para darle sentido. «Pero los personajes no son personas de verdad, no existen en la realidad», me dirás. Oh, ¡pues claro que existen! Cada personaje que escribimos es una parte de nosotros mismos. Y si lo manejamos como a un muñeco, estamos cosificando una parte de nosotros mismo. Si esto no te parece malo, solo piensa en la cara de palo que tienen los actores cuando les dirige George Lucas :P

El problema de cosificar personajes es que, además de quitarle la dignidad y la libertad a una parte de nosotros mismos, es triste, aburrido y cansado. Como queremos controlar a ese ser, el ser se vuelve completamente pasivo y tenemos que arrastrarlo de un lado a otro. ¿Motivaciones? ¿Deseos? ¿Sentimientos? ¡Nada! El personaje cosificado es eso, una cosa inerte a la que no le importa nada.

¿Y cómo se escribe a un personaje que sea un personaje y no una cosa? Pues dejándole hablar, metiéndonos en su piel, empatizando con él, comprendiéndole. Solo así podremos saber cómo reaccionará en cada situación, qué le resultará deseable, que querrá evitar a toda costa… solo así sabremos QUIÉN es. Y de esta forma, cuando escribamos la historia no tendremos que darle vueltas a las situaciones. Los propios personajes nos «dirán» qué van a hacer. Y a veces no estaremos de acuerdo con los giros que le darán a la historia, y nos sorprenderán, y nos enfadarán… como las personas de verdad. Y estará bien así. Y reconoceremos en ellos a una parte de nosotros mismos. Y será imposible que los odiemos, porque los comprenderemos y comprender es amar.

Eso sí, no dejaremos de ponerles en situaciones comprometidas, porque las historias (y la vida) o son una aventura o son un rollo :)

4 comentarios:

  1. la vida ya es interesante de por si, somos nosotros los que pensamos que es aburrida e inventamos lugares fantaticos llenos de riesgos. Lo que la gente parece olvidar es que los lugares mas fantaticos creados en los cuentos estan creados a partir de la realidad. Son metaforas simbolicas creados con un proposito, y eso es lo que nos gusta, la realidad explicada desde un punto de vista distinto. Crear un mundo de absolutamente nada y que sea bueno es muy dificil, y cuando un mundo no es bueno, rara vez sus habitantes tambien lo son. Somos como somos por las acciones que hacemos, somos lo que somos por lo que nos pasa, somos lo que somos por quienes nos rodean... si estos elementos no tienen un fundamento o una estructura, son conceptos vacios.

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    1. Yo también veo la creación artística como una metáfora que nos ayuda a comprender mejor la realidad a través de otras visiones :)

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  2. Cada ser humano que ha escrito una historia suficientemente larga, ha experimentado ese momento en que los personajes parecen adquirir vida propia y marcan ellos mismos el camino a seguir en la trama. Digo "parecen adquirir" porque, evidentemente, sus acciones solo pueden ser fruto de la imaginación del autor, ya que el personaje en cuestión no tiene una mente que lo dirija. Prueba, si no, a dejar una obra inconclusa, y verás como sus personajes se quedad exactamente en ese punto. Yo supongo que se trata de la predisposición lógica que posee nuestro cerebro: si hemos creado un personaje que se desenvuelve con lógica en unas determinadas circunstancias, nuestro cerebro lo toma como real, y puede predecir cómo reaccionaría sometido a nuevas circunstancias.
    Además estamos hechos para empatizar con otros seres y cuanto más se parezcan a un humano, más lo hacemos. Por eso se escriben pocas obras sobre una roca, por ejemplo, y muchas más sobre personas. Y por eso le ponemos ojitos y boca a teteras, copones y candelabros, y les atribuimos emociones humanas.XD
    Yo diría, parafraseando tu título, que tendemos a humanizar las cosas.
    Creo que es una condición de nuestro cerebro.

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    1. Sí, parece que nuestro cerebro es especialista en hacer extrapolaciones y en inventarse cosas :)

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