Es amable el tufo del que llora en frambuesa

Este minicuento lo he escrito a raíz de una frase que he sacado de La increíble máquina aforística. La he conocido a través de FriKitty, que ya ha escrito su cuento antes y que a su vez ha sacado la idea de Tinta al sol. Hechas las pertinentes referencias, el minicuento, escrito de un tirón:

Es amable el tufo del que llora en frambuesa

En la parte vieja de mi ciudad había calles estrechas y tiendas antiguas, oscuras, pero no tristes. Por todas partes había cristales y pizarras primorosamente caligrafiados con anuncios de chistorra, lechugas y frambuesas. Frambuesas. El viejo tendero estaba tendido sobre una caja de frambuesas, llorando desconsoladamente. Era muy tarde y la frutería ya estaba vacía, como la calle. Por el suelo había restos de verdura y frutas pochas, los restos de un largo día de trajín. El viejo tendero, dobladas sus rodillas sobre una banqueta, parecía querer sumergirse en las frambuesas, como si esas frutillas absorbieran la tristeza. Y es que no había nadie por allí. Era la hora del cierre, pero no había nadie más. Y el viejo tendero, que se había pasado el día atendiendo a un montón de gente con su sonrisa perenne, se había dejado ir. Y las frambuesas, ah, las frambuesas. Qué absolutamente dulces ellas, tan maduras, a punto de caducar. Qué rotos ambos y qué amable el olor que emanaba de su abrazo.

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