Señoríos feudales del siglo XXI: Fiverr

Es fácil escuchar historias de gente que ha tenido éxito en internet. Gente que ha subido un vídeo, un libro o algo así y que se ha extendido como una plaga. Gente que ha hecho fama y dinero con internet. Claro, mucha gente quiere el mismo éxito, pero éste no es para cualquiera. No sólo hay que hacer las cosas mínimamente bien sino que además hay que estar ahí en el momento preciso. ¿Merece la pena preocuparse por esa clase de éxito, pues? Yo creo que más valdría jugar a la lotería.

En fin, el tema es que la enorme masa de hacecosas que jamás alcanzaremos esas famas espectaculares tenemos que buscar dinero de formas más sencillas. Las dos más típicas son o publicar nuestras obras y mercaderías relacionadas o bien ofrecer nuestra mano de obra para el propósito del pagador: los famosos encargos o commissions. Hay artistas que consiguen encargos y ventas de una forma relativamente fácil, pero a la mayoría nos cuesta horrores. Así que la idea de un sitio que facilite el proceso mola, ¿verdad?

Eso pensé yo al conocer Fiverr. Pero luego resulta que no mola tanto, porque tienes que vender bastante hasta poder cobrar lo que quieras… y hasta entonces sólo puedes hacer 5$ por encargo. 5$ que se quedan en 4$ por la leonina comisión del sitio… que se suma a la comisión de Paypal cuando quieres retirar el dinero a tu cuenta. Dinero que no puedes recuperar hasta que pasan 14 días de haber terminado el trabajo.

Pero no es sólo el tema de cobrar poco y en diferido, es que también tienes prohibido poner enlaces a una web propia externa. Es decir, que por mucho que llegues a conseguir en ese entorno no puedes guiar a tus clientes directamente a tu portafolio, blog o lo que sea. No te sirve para hacerte un nombre, que es algo importantísimo en internet (y en cualquier entorno social, si aspiras a sacarle algún provecho a lo que haces).

Mientras tanto, el CEO de la empresa escribiendo por ahí que esto es el futuro, que le da esperanza a un montón de trabajadores. Sí, claro. Una web que te trata como a un trabajador con exclusividad pero que te encierra, no te da de comer y encima no te deja hacerte un nombre. Me da igual que sea Fiverr o cualquier chiringuito parecido: es una estafa.

Por eso me he dado de baja de Fiverr. No merece la pena. Voy a ser igual de pobre y desconocido sin él, pero al menos tendré algo de libertad y no estaré aportando nada a ese señor neofeudal.

PD: Entiendo el negocio de Fiverr y tiene sentido según sus términos, pero a mí, desde mi punto de vista, no me salen las cuentas y encima no me gusta que me traten como a un tonto con toda esa morralla de autoayuda y coolismo que se gastan.

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en que 5 o 4 dolares son pocos, pero si vas a hacer un encargo en esa página hay que hacer trabajos de 5 a 10 minutos, algo que esté de acuerdo con el precio.

    En cuanto a lo de no poner tu portfolio. Con una firma o con el estilo o incluso sólo con el nick te pueden encontrar perfectamente, no creo que sea un problema. Si les gusta tu trabajo en Fiverr te buscarán fuera también. Y sin esa regla la gente no usaría Fiverr y me parece justo que intenten protegerse.

    No defiendo todo el sistema, pero no lo veo completamente equivocado si el trabajador dedica 5 o 10 minutos a lo que vende. No más y si puede ser menos.

    (Futurechoco)

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    1. El problema que tengo yo es ese, que no puedo hacer algo cobrando en diez minutos, soy perfeccionista y más cuando cobro.

      En cuanto a que la gente te busque fuera, sí, en teoría sí. Pero visto lo visto la gente se queda en Fiverr y no sale fuera.

      Al que le vaya bien así pues estupendo. Pero el CEO y muchos acólitos andan por ahí diciendo que ese sistema es maravilloso y que hay que extenderlo. Y eso sí que no. Creo que eso es lo que más me cabrea de todo esto.

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