Las redes sociales no son para tanto

Hace unas semanas leí el artículo «¿Seguidores o lectores? La gran ilusión de las redes sociales» de Guillermo Schavelzon, un reputado agente literario. Recomiendo mucho la lectura del texto y de los comentarios, hay algunos muy interesantes.

Me sirve además para contrastar con mi experiencia; a pequeña escala, claro, nunca he conseguido muchos seguidores.

Entiendo que el primero que tiene que dar el paso para dar a conocer su obra tiene que ser el autor, pero lo ideal es que la promoción la hagan terceros, porque es difícil creer a alguien que te vende sus propias cosas. A nivel social es más creíble la validación de terceros. Por otra parte, en las redes sociales el que no se vuelve un vendepeines es probable que se convierta en un personaje al que se sigue por el personaje, no por lo que hace fuera de la red en concreto. Es decir, en muchos casos los seguidores vienen por la narrativa del personaje, no por la narrativa de sus obras. No es extraño, todos tenemos amigos y familiares que se interesan por nosotros en tanto que personas pero les importa bien poco qué hacemos para ganarnos la vida o para darle sentido.

La cuestión, como autores, es: ¿Merece la pena alimentar a un personaje desechable? Porque todo en las redes sociales es desechable, está en su esencia. A mí es algo que no me motiva, y me da bastante desazón comprobar el carácter no ya efímero sino desechable, frenético y exhibicionista del éxito de algunos youtubers, por ejemplo. Como autor quiero ofrecer cosas elaboradas, cosas que puedan aguantar el paso del tiempo.

Quizá me estoy dando demasiada importancia, pero pienso que la importancia se la doy a la obra. Me gusta vagabundear por bibliotecas, encontrar libros y que sean pequeños universos en sí mismos que tienen un sentido propio. Creo que cuando una obra requiere de una explicación y un contexto, de una interpretación, ya se ha perdido la intimidad entre autor y lector. Por eso me sobra cada vez más el autor-personaje de las redes sociales, de la misma forma que no me gustan las presentaciones de libros ni la celebración de best-sellers.

Personalmente he sacado algunas cosas positivas de usar las redes sociales, sobre todo Twitter, pero teniendo en cuenta el tiempo y la energía que he invertido dudo que me haya compensado a nivel autoral. No he conseguido apenas lectores nuevos, que vienen más a través de recomendaciones de terceros o incluso búsquedas de Google. Por eso creo que sí, que hay que poner algo en internet para dar señales de que uno existe, pero dudo mucho que merezca la pena matarse por estar en las redes sociales, tanto de una forma «profesional» como más «personal».

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