Un año después

Cuánto tiempo, blog. ¡Con lo que me gustas!

Creo que escribo tan poco aquí porque siento que todo lo que quería contar sobre mis procesos ya lo publiqué hace tiempo y no tiene sentido andar repitiendo lo mismo una y otra vez. Podría decir que en este último año me he acostumbrado a usar Manga Studio, que es muy cómodo para dibujar y tiene una herramienta vectorial que da gusto, pero no me parece interesante para los posibles lectores que lleguen aquí. También podría seguir comentando qué planes tengo y cómo los voy desarrollando, pero tampoco me parece interesante. Me gusta enseñar cosas cuando están terminadas, o casi.

Últimamente no termino mucho. Hace tiempo que terminé Chico y Suburbu pero no termino de encontrar la forma de (auto)publicarlos. Es lo malo de no tener plazos ni nadie encima y, a cambio, tener demasiadas dudas. Lo mismo me pasa con El artista y la musa, que tengo dos temporadas bocetadas y rotuladas, listas para entintar, y no me animo a empezar. A continuar, en realidad.


Para sacudirme tanto inmovilismo de encima empecé un webcómic nuevo sin ninguna pretensión: Patata. Trata de un par de chicas que se han quedado solas en un mundo vacío. Aunque partí con un esquema cerrado, los personajes y la historia ha ido evolucionando y creo que eso es lo que más me hace disfrutar, ir descubriendo nuevos aspectos de su mundo y de ellas mismas a medida que voy desarrollando el cómic. Ahora mismo estoy a punto de alcanzar los 2/3 de la historia y espero terminarla antes de otoño, aunque quién sabe si crecerá algo más. Mientras disfrute con ella y tenga sentido no hay problema.

Por supuesto, antes o después tendré que hacer algo con esas cosas que tengo en los cajones, aunque sea regalarlas. También debo escribir algo más por aquí… y encontrar un objetivo global que le dé un sentido a mis historias… o aceptar que nunca va a haber ninguno. Quién sabe. ¿Hace falta fe o basta con tener hambre?

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