El alma de los artistas

«Nunca me abandones» (Never let me go) es una novela (y una película) que cuenta la vida de Kathy y sus amigos Tom y Ruth desde su infancia en el colegio interno de Hailsham hasta su juventud tardía. La historia parte de una premisa de ciencia ficción pero lo importante es la experiencia de unos chicos atrapados en un mundo frío y aparentemente tranquilo como un estanque en invierno.

Es una historia que me ha obsesionado un poco este último año, tanto por el ambiente y la estética de la película como por lo mucho que me transmiten sus protagonistas. La película no tuvo éxito porque es bastante triste y da bastante que pensar, quizá demasiado. Pero si no tienes miedo a la tristeza merece la pena.

¿Y por qué hablo de esta historia aquí? Porque el arte tiene importancia en la trama. En cierto punto dos de los protagonistas acuden a una antigua profesora para preguntarle por qué les hacían dibujar de niños, y ella les responde:

Charlotte Rampling on Never Let Me Go © 2010 Twentieth Century Fox Film Corporation Charlotte Rampling como Miss Emily en «Nunca me abandones» (Never Let Me Go) © 2010 Twentieth Century Fox Film Corporation

Nos llevábamos vuestros trabajos artísticos porque pensábamos que nos permitirían ver vuestra alma. O, para decirlo de un modo más sutil, para demostrar que teníais alma.

Capítulo 22 de Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro

La galería no era para indagar en vuestras almas. La galería era para ver si teníais alma.

Versión del mismo pasaje en la película

En cierto punto, los protagonistas creen que el arte les salvará. No para siempre, claro, pero sí que les dará algo más de tiempo para seguir amándose porque hay alguien a quien podrán conmover con la expresión de sus sentimientos.

Patrick Süskind habla de esto también en el apartado final de su librito «Sobre el amor y la muerte», en relación al mito de Orfeo y Eurídice. Sobre todo habla de la audacia de Orfeo al usar su arte para conmover al dios de la muerte y así poder vivir su amor un poco más, tan sólo un poco.

La historia de Orfeo nos conmueve hasta hoy porque es la historia de un fracaso. Falló el maravilloso intento de reconciliar los dos enigmáticos poderes de la existencia humana, el amor y la muerte, obligando a lo más salvaje de ambos al menos a un pequeño compromiso.

Patrick Süskind, Sobre el amor y la muerte (2012)

El autor habla también de cómo esa audacia del artista, que modela lo que brota ciego y amorfo en sus profundidades y lo expone a la luz, echa a perder esta pequeña victoria:

Ningún cantante de ópera aguanta a la larga cantar dando la espalda al público… aunque algún director lo exija, con palabras angélicas o amenazas. No puede. Va contra su naturaleza. Él, cuyo arte todo y raison d’être consisten en volver su alma del revés, tiene que mostrarse y, para ver reflejada su alma, tiene que dirigirse a alguien. Y en algún momento, a pesar de todas las prohibiciones, lo hace.

Patrick Süskind, Sobre el amor y la muerte (2012)

Y en ese momento, en estas historias, termina el encanto.

Never Let Me Go © 2010 Twentieth Century Fox Film Corporation «Nunca me abandones» (Never Let Me Go) © 2010 Twentieth Century Fox Film Corporation

Quizás nunca lleguemos a entender lo que hemos vivido. O quizás nos haya faltado tiempo.

Kathy, Nunca me abandones (Never let me go, 2010)

El tiempo se nos echa encima igualmente. Pero en el fondo esto nunca ha sido tanto un intento por vivir más como por sentirnos vivos, ¿no?

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