Margaritas en el arcén

Este año he leído un par de tebeos que tocan el tema de los artistas que lo dejan. No suelo leer historias así, supongo que por el miedo a identificarme con esos autores que fracasan. Es más productivo no pensar en fallar y ponerse a escribir y dibujar como si no hubiera mañana, que ya saldrán las cosas. Y si se falla, si se constata la ruina, mejor taparla y olvidarla.

Cubierta de La vida es buena si no te rindes

Olvidarla de tal forma que cueste recordarla, como le pasa al protagonista de «La vida está bien si no te rindes» (1998) de Seth. Se obsesiona con un dibujante de los años 40-50 del que apenas logra reunir once viñetas y se sumerge en una investigación para ver qué pasó con él y su carrera. El resultado es de lo más cotidiano, pero no por ello deja de ser tan doloroso como esperanzador.

Cubierta de El hombre sin talento

Menos esperanzadora es la trayectoria del protagonista de «El hombre sin talento» (1986) de Yoshiharu Tsuge. Se trata de un dibujante de manga que reniega de su arte, quizá por lo efímero y cambiante del sector, quizá por sus propias inconsistencias, y busca el sustento en actividades cada vez más absurdas.

Me he criado leyendo finales felices, triunfantes, cosa que aquí no hay, pero ambas historietas me han resultado fascinantes en su oscura sensación de realidad. Me recuerdan a los biopics de músicos de jazz: decadentes, patéticos y aún así con algo hermoso que se resiste a desaparecer, como margaritas manchadas de hollín que rompen el asfalto en los márgenes de la carretera: «Estoy sucia, nadie me ve aquí y seguramente no vaya a durar mucho, pero aquí estoy, bajo el sol y las estrellas, erguida, cabizabaja, existiendo.»

Gracias a Lorezaharra por recomendarme el cómic de Seth y a Kuroi por su prescripción del manga de Tsuge en su blog Morphallaxis.

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